Sé un amigo de fé

Sé un amigo de fé

Por Roberto López Barradas

La amistad es el puente que une a las personas por el afecto, al aprecio y el cariño. Hay amistades tan fuertes que se pueden convertir en hermandad, como un lazo familiar o en ocasiones, pueden llegar a ser más cercanas que con los mismos familiares consanguíneos.

En esta entrega, quiero hablar de la oportunidad de servir como instrumentos de fé, paz, esperanza, consuelo, alivio, aliento para nuestros amigos.

Hay veces en que las circunstancias nos hacen decaer, perder la fé, no encontrar solución a nuestros problemas; y en esos momentos necesitamos que alguien nos ayude a pasar por esa etapa y salir adelante; especialmente cuando el acompañamiento de una gran amiga o amigo, es el aliciente necesario para recuperar la fé, levantarnos, ver las cosas de mejor manera y recobrar fuerzas.

Todos hemos pasado por una situación adversa, una enfermedad o un tiempo de tribulación, sucesos que no podemos controlar o no está en nuestras manos la solución; es precisamente ahí, cuando la ayudar de una amiga o amigo de fé, es crucial.

De igual forma, todos tenemos una amiga o amigo que ha pasado o esta pasando por una situación difícil, y talvez no tenga fuerzas, esperanza y fé para salir de ella; es en esos momentos cuando necesitamos ser una amiga o amigo de fé, o sea, prestarle de nuestra fé para encontrar la repuesta, la solución, a través de nuestra empatía, nuestra compañía, nuestras acciones y oraciones, para darles el impulso que necesitan, mostrarles que todo puede cambiar y mejorar.

En la biblia hay una historia que ejemplifica esto de una manera impactante, había un hombre paralítico, que tenía un grupo de amigos que, al enterarse de los milagros que había hecho Jesús, y que sanaba enfermos, ellos decidieron llevarlo ante Él para que fuera sanado. Así que lo cargaron con todo y su lecho, ya que se encontraba postrado, entonces caminaron por la ciudad, pero al llegar donde estaba Jesús enseñando la palabra, había una multitud que les impedía entrar en la casa.

¿Y qué pasó? a caso ellos declinaron o se rindieron, me imagino que incluso el paralítico podría haber pensado, que fue inútil el viaje y que no podría cambiar su condición, pero no fue así, sus amigos descubrieron el techo de la casa, y haciendo una abertura, bajaron el lecho de su amigo; esta historia se encuentra en libro de Marcos, capítulo 2, y en los versículos 5, 11 y 12, los cuales voy a transcribir para que conozca el desenlace del esfuerzo y ayuda de éstos amigos: “…Al ver Jesús la fé de ellos, dijo al paralítico: Hijo tus pecados te son perdonados… A ti te digo levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa… Entonces él se levantó enseguida, y tomando su lecho, salió delante de todos…”

Se pueden imaginar la felicidad y el gozo de ese hombre, pero aún más, la alegría de sus amigos, al verlo de pie, caminando para salir de aquel lugar, con la satisfacción de haber logrado ayudar a su amigo, cambiando su vida, gracias a qué no desfallecieron en su intento por conseguirlo, con una fé tan grande, que alcanzó para cubrir a ese amigo.

Pues bien, te animo y te exhorto a que como estas personas que hicieron lo posible por ayudar a su amigo, pero sobretodo, creyeron que podían ayudarlo, contagiándole su fé, que tú hagas lo mismo; que vayas al encuentro con tu amiga o amigo, lo apoyes, lo escuches y ores con ella o él, convirtiéndote así en una amiga o amigo de fé.

¡Ánimo. Dios te bendiga!