A los 64 años de edad, recién cumplidos el pasado 13 de noviembre, Andrés Manuel López Obrador ha sido y sigue siendo uno de los políticos más controversiales en México durante las dos ultimas décadas, puesto que, cuando se desempeñó como jefe de gobierno del Distrito Federal del año 2000 al 2005, se dedicó a trabajar en serio para atender los reclamos que todos los días surgen en la Megalópolis, hoy convertida en la entidad federativa numero 32 y llamada oficialmente Ciudad de México, cuyo titular del ejecutivo habrá de ser electo el próximo primero de Julio; y en esa fecha, el futuro de López Obrador, se definirá con la elección del sucesor de don Enrique Peña Nieto, siendo AMLO el candidato más fuerte al día de hoy, puesto que según las encuestas oficialistas y realistas, aventaja con 10 puntos al candidato de la coalición encabezada por el PAN Ricardo Anaya, y por lo menos con 12 puntos, aventaja al candidato del PRI José Antonio Meade Kuribreña, de quien se dice que finalmente será el vencedor, por ser la carta fuerte de, PRI del presidente Peña y de los sectores más recalcitrantes de la oligarquía mexicana y del neoliberalismo implantado por el ex presidente de México, don Carlos Salinas de Gortari.
Conociendo a los que se han apoderado del PRD, para explotarlo como una membresía que solo genera ganancias, por las prebendas que desde el gobierno federal, más los gobiernos estatales y municipales derraman periódicamente entre sus dirigentes y candidatos a quienes no importa vender una candidatura, una elección o una administración pública, Andrés Manuel López Obrador prefirió fundar su propio partido, que no deja de ser su propia membresía, puesto que es AMLO el que decide las candidaturas a los diferentes puestos y procesos electorales en que participa sin necesidad de compartir con sus amigos del PRD, las jugosas ganancias que se obtienen de la política, hoy que en nuestro país tiene asignados altísimos presupuestos públicos y cuotas para los dirigentes partidarios , siempre que no opongan resistencia a las directrices del gobierno y el PRI, hoy en una posición firme, con el instrumento jurídico denominado Ley de Seguridad Interior; con este esquema AMLO aseguró su inamovilidad para contender por la presidencia de la República en 2018, en 2024 y en 2030, si Dios le presta vida y si sus más cercanos Martí Batres Guadarrama y Yeidckol Polevnsky se lo permiten.
Desde luego que Andrés Manuel López Obrador, no se avergüenza de su pasado y su militancia política en el PRI, en el PRD y Morena, pues para presentar lo que llamó “”Proyecto Alternativo de Nación 2018-2024””, convocó a la coalición “Juntos Haremos Historia”, coalición encabezada por Morena, el Partido del Trabajo (PT) y el Partido Encuentro Social (PES) que se dice propiedad de Miguel Ángel Osorio Chong frustrado aspirante presidencial y resentido priista y peñista a la vez; pero los cálculos del Peje López Obrador, también incluyeron la desbandada del PRD, de panistas y priistas resentidos con sus Jefe y con sus dirigentes, para engrosar las filas de Morena y construir antes de la elección de 2018, una base social que le permita ganar en las urnas, con gran ventaja, la Presidencia de la República de México, de tal suerte que su triunfo resulte inobjetable, para así llegar a Palacio Nacional y a los Pinos el día primero de diciembre próximo y después, imitando a Nicolás Maduro, presidente de Venezuela, suprimir la no reelección y permanecer indefinidamente, sentado en la silla del águila, como también lo hizo hace poco más de un siglo el General Porfirio Díaz.
Varios ex presidentes nacionales del PRD, han renunciado a su partido, para incorporarse a las filas de Morena como es el caso de Porfirio Muñoz Ledo, Pablo Gómez, Alejandro Encinas y Leonel Godoy; el gran jefe Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, se ha reservado su derecho a definirse para la próxima contienda presidencial, porque muy en el fondo siempre abrigó la esperanza de ser él el elegido, para que por cuarta ocasión pudiera contender por la presidencia de México; Roberto Robles Garnica, Amalia García, Rosario Robles (hoy PRI), Leonel Cota Montaño, Graco Ramirez, Guadalupe Acosta Naranjo, los Chuchos Ortega y Zambrano, Carlos Navarrete, Agustín Basave, Beatriz Mujica y Alejandra Barrales han preferido una alianza en abierto y convenecieramente ($$$$) con el PAN y con el Movimiento ciudadano de Dante Delgado, antes que apoyar al Peje López Obrador; Marcelo Ebrard Casaubón, cuestionado jefe de gobierno del Distrito Federal, expatriado por Miguel Ángel Mancera, bajo serios cuestionamientos sobre el manejo financiero y técnico en la construcción del la línea 12 del metro capitalino, ha regresado de su exilio y ha anunciado que se incorpora como promotor de la campaña de López Obrador, donde seguramente sus servicios políticos serán bien recompensados.
Después del “Jefe Cárdenas Solórzano”, solo Andrés Manuel López Obrador “El Peje”, ha sido capaz de llenar plazas públicas con seguidores y apoyadores de su causa y ambos personajes se han proclamado ganadores en las elecciones presidenciales pasadas; pero a pesar del voto por voto y casilla por casilla de Andrés Manuel, el sistema político mexicano no ha metido la reversa para provecho de los populistas izquierdosos y demagogos; puesto que se ha sostenido el triunfo inobjetable de los tricolores, en aras de garantizar la tranquilidad, la paz social y el estado democrático de derecho; aunque el pago de la factura que cae sobre las espaldas del pueblo de México ha sido tan pesado, que está próximo a caer y aplastar a los fieles a México y a su partido el PRI. Pudiera ser que de verdad está sea la última llamada al gobierno, para acabar con la delincuencia, la corrupción y la impunidad; no hacerlo, sería perder la oportunidad histórica que se presenta, para evitar más derramamientos de sangre por todo el territorio nacional.
Seguramente los simpatizantes de AMLO, al día siguiente de la jornada electoral, proclamarán su triunfo; pero por el bien de la nación el grito con unidad de los priistas será más fuerte y reconocido por autoridades electorales.





