José Ortiz / EN CORTO
En la política hay perfiles que hacen de la traición y el oportunismo un arte. Pero hay otros que, además, tienen el descaro de disfrazar su avidez de poder con un falso aire de liderazgo y trabajo comunitario. Froylán Estrada Rendón es uno de esos casos excepcionales, un personaje que, como buen camaleón, cambia de color según le convenga, pero siempre con la misma intención: seguir mamando del presupuesto y rodearse de lujos como si fuera un jeque árabe en tierras veracruzanas.
El hombre que hoy se pasea con sus atuendos al más puro estilo de Güicho Domínguez, con cirugías de engrapamiento gástrico para encajar mejor en el traje de político “moderno”, no es más que una figura clásica del oportunismo tropical. Quiere todo y quiere más. No se conforma con haber sido alcalde, con ser presidente del DIF de Tuxtilla, ni con controlar su feudo político. No, señor. Ahora busca colarse en todos los partidos que pueda y meter a sus incondicionales en cada rincón del estado.
Su ambición no conoce límites: pide espacios en el PRI, donde quiere imponer candidatos como si fuera el nuevo caudillo del partido tricolor; se acerca al PAN, jurando lealtades a los Yunes, con quienes ya tuvo vínculos y favores en el pasado; se mete al PT, jugando a la lealtad con Chentin y su padre. Todo al mismo tiempo, como un maestro de la simulación que pretende engañar a todos, pero que ya nadie se traga.
Pero si algo lo distingue, además de su gusto por el poder y la buena vida, es su afición por rodearse de jovencitos, de “ahijados” que no duda en imponer a toda costa en posiciones clave. Ahí está su favorito, Axciel Jamir Torrecilla Torrecilla, a quien busca incrustar en Chacaltianguis, ese pueblo donde, dicen, “se dan los hombres”. Pero no es el único. También mueve sus piezas en Cosamaloapan con Villegas, en Amatitlán con el “Piri”, en Tierra Blanca con el candidato del alcalde Álvaro y en Tlacojalpan con el PT y Eder. Un entramado de ambiciones desmedidas, sin proyecto real más que la expansión de su red de control.
Este hombre es un digno ejemplo de cómo se ha prostituido la política veracruzana. Va de partido en partido vendiendo favores, jurando lealtades efímeras y traicionando a la menor oportunidad. Hoy está con unos, mañana con otros. No tiene más ideología que su propio beneficio y no conoce más bandera que la de su propio ego.
¿Los dirigentes de los partidos sabrán con quién están tratando? ¿Se darán cuenta de que este personaje no busca servir a la gente, sino servirse de ella? ¿O será que, como en muchas otras ocasiones, la política veracruzana le abrirá la puerta a otro mercenario del poder, a otro que ve en el erario su cuenta personal y en los cargos públicos su pase VIP a los lujos y excesos?
La respuesta la tendrá el tiempo, pero si algo es seguro, es que Froylán Estrada Rendón no descansará hasta asegurarse una nueva posición, un nuevo cargo desde el cual seguir disfrutando de la vida mientras los municipios que dice representar siguen hundidos en el abandono. Y aún peor, con su corte de favoritos asegurándose de que el ciclo se repita una y otra vez.
La política en Veracruz está llena de personajes de esta calaña. Pero pocos son tan descarados, tan evidentes y tan voraces como este hombre, que sigue jugando a ser rey en su propio feudo mientras el estado se cae a pedazos.
La historia no suele ser amable con los que quieren jugar a ser caciques modernos. Y más temprano que tarde, hasta a los más hábiles se les termina cayendo su carrera política. Que no se le olvide.