TERCERO INTERESADO
Golpe de realidad
Estamos a un año y cuatro meses de las elecciones intermedias del seis de junio de 2027 y, a pesar de parecer distantes, son un tema cada vez más presente en las agendas política y pública. No es para menos, considerando que no solo se renueva el Congreso Federal, sino también 17 gubernaturas (Aguascalientes, Baja California, Baja California Sur, Campeche, Chihuahua, Colima, Guerrero, Michoacán, Nayarit, Nuevo León, Querétaro, Quintana Roo, San Luis Potosí, Sinaloa, Sonora, Tlaxcala y Zacatecas); 31 congresos locales (excepto Coahuila); 1,718 ayuntamientos en 30 estados (salvo Durango y Veracruz); además, muy probablemente, de la consulta popular de revocación (ratificación) de mandato presidencial y, por si fuera poco, la segunda etapa de la elección del Poder Judicial, que implica una magistratura de la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial, aproximadamente 463 magistraturas y 386 titulares de juzgado de distrito, sin contar las posibles reposiciones previstas en la ley.
En este contexto, con miles de posiciones políticas en disputa, entraremos, cada día con mayor intensidad, en un clima de amplio debate y análisis, acompañado de la confrontación y el desgaste propios de las contiendas electorales. Pero también comenzarán las evaluaciones y mediciones (sociales, oficiales, estadísticas y perceptivas), orientadas a contrastar resultados en la opinión pública.
De ahí surgirán elementos de decisión respecto a los balances y resultados de gobiernos y administraciones, que serán lastre o catapulta de quienes encabecen los respectivos proyectos políticos. En ese proceso llegarán golpes de realidad que, en algunos casos, podrían sorprender de manera favorable, pero que, en otros, harán visible –demasiado tarde– el peso negativo de malas decisiones, de empeñarse en el defecto de gobernar con sus afectos, de no poderse desprender de la soberbia y súbitamente falsa ilusión de que el poder es permanente.
Mucho de ello responde a la naturaleza humana, irónicamente cíclica y repetitiva, y a la dificultad, casi irremediable, de aprender de las experiencias ajenas y de los errores del pasado. Cada caso será particular, pero veremos gobernadoras y gobernadores que hasta ese momento entenderán que la realidad no es la que les transmite su primer círculo; que el bono democrático no fue suficiente; que el poder no debió compartirse sin control, delegarse sin supervisión ni concentrarse en mujeres u hombres que, tarde o temprano, terminan por implosionar junto con sus gobiernos. Veremos también presidentes municipales transformados en caciques, a quienes solo la debacle electoral y, en algunos casos, el escrutinio legal despertará del embriagante sueño del poder. En síntesis, las elecciones intermedias son una auditoría democrática, una encuesta ciudadana con resultados y mensajes determinantes, de efectos vinculantes, que se imponen a la autocomplacencia. Un mal resultado no es necesariamente una sentencia irreversible, pero sí una advertencia operativa contundente.
En la mayoría de los casos quedará muy poco por hacer: el último tramo apenas alcanza para ordenar la administración para su entrega e intentar prepararse para dejar de ser. En los menos, donde aún quede margen de gestión, será la oportunidad de recibir de manera objetiva, crítica y positiva el golpe de realidad legado por las “intermedias”. Si todo sale de acuerdo con lo planeado, o incluso mejor, ello fortalecerá el tramo restante; pero cuando los resultados sean adversos, deberá darse un golpe de timón que permita retomar personalmente el control estratégico, asumir con firmeza el mandato depositado y rodearse de capacidades y talentos, no de afectos, compromisos o cuotas de cualquier índole que, a esas alturas, ya no se justifican.
A final de cuentas, cuando a los gobiernos les va bien, a la sociedad le va mejor. Por ello, el golpe de realidad que vendrá con las intermedias,más allá de constituirse en un termómetro político, debe asumirse, desde ahora, como un instrumento de calibración y corrección institucional que potencie la eficacia y anule la simulación; un aliciente para que a todos nos vaya mejor.
Carlos Tercero
3ro.interesado@gmail.com






